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El maltrato psicológico infantil

Según el DSM-V, el maltrato psicológico infantil consiste en actos no accidentales, verbales o simbólicos, realizados por un progenitor o un cuidador de un niño que provoquen o generen una probabilidad razonable de causar un daño psicológico en el niño. (En esta categoría no se incluye el maltrato físico ni los abusos sexuales.) Entre los ejemplos de maltrato psicológico infantil cabe citar amonestar, menospreciar o humillar al niño, amenazarlo, quitarle o hacerle abandonar-o decirle que le van a quitar o hacer abandonar-a personas o cosas que el niño quiere, recluirlo (p. ej., atándolo de pies o de manos, o atándolo a un mueble o a cualquier otro objeto, o encerrarlo en un espacio demasiado pequeño [p. ej., en un excusado]), convertirlo en chivo expiatorio, obligarlo a autolesionase y aplicarle una disciplina excesiva (p. ej. con una frecuencia o duración extremadamente elevadas, incluso sin llegar al nivel de maltrato físico) con medios físicos o no físicos.

Mantener a un niño/a alejado de uno de sus progenitores, haciéndole creer que la decisión la toma él/ella, es considerado por tanto, maltrato infantil. Esto debería tenerse en cuenta en los procesos de divorcio y post-divorcio, sobre todo ante amenazas del tipo “no vas a volver a ver a tu hijo/a”.

La rabia y la frustración pueden aparecer en la conflictividad conyugal, pero esta no debería utilizarse para dañar o incluso romper el vínculo filio-parental. La responsabilidad de los profesionales que intervienen en los procesos de divorcio debe también prevenir este tipo de conductas. Y evidenciarlas si se manifiestan, dando parte a las autoridades competentes.

Es necesario que todos (no sólo los profesionales) nos hagamos responsables del bienestar de los niños/as, no mirando hacia otro lado cuando aparecen este tipo de conductas.

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