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Entrevista en el Heraldo de Aragón el 31 de agosto 2018

Por Alejandro Santos

¿Pero cómo es posible que ya se haya terminado agosto?

Después de once meses de trabajo, la mayoría disfrutaba de sus vacaciones… hasta hoy. Que parezca que se han ido ‘volando’ es una percepción normal.

Aunque aún quedan 23 días de verano, que el mes de agosto acabe este viernes es la señal, para la mayoría, de que regresan la rutina y el trabajo. Es recurrente escuchar, año tras año, que las vacaciones se han pasado “demasiado rápido” o, incluso, que no se sabe “cómo han terminado tan pronto”. No suelen utilizarse estas frases cuando se habla de las jornadas en el tajo.

Por qué cambia tanto la percepción del tiempo, según se trate de vacaciones o de jornadas laborables, es un interrogante que no tiene una respuesta sencilla. Hay varias líneas de investigación, pero parece que la clave podría estar en la psicología.

Esta es la especialidad de Paula Martínez, según la cual la conciencia es la clave de cómo se percibe el tiempo. “El tiempo, la percepción y la conciencia van unidas”, explica, ya que si se cae en la rutina, se activa una especie de ‘piloto automático’ que provoca una pérdida de la conciencia de lo que se está viviendo.

Es ahí cuando la percepción del tiempo se acelera: la monotonía es la causa de que el tiempo parezca que va más rápido de lo normal.

“Siempre buscamos la estabilidad, pero conforme la alcanzamos, vamos perdiendo novedades”, explica la psicóloga. Volviendo a las vacaciones, si durante 20 años se veranea en la misma localidad de playa, se gana en estabilidad, pero se pierden sorpresas y novedades que provocarían que el tiempo ‘pasara’ más despacio.

Aunque que esta sensación esté generalizada no quiere decir que se manifieste siempre. Los divorcios son significativamente más numerosos después del verano por lo que, por ejemplo, para aquellas parejas que deciden separarse tras sus vacaciones, el tiempo parecerá que marcha extremadamente lento en las semanas previas.

Hay otros factores que provocan que el tiempo transcurra más rápido. Es el caso del envejecimiento. Si se piensa en los veranos de la infancia, probablemente recordaremos que los sentíamos como eternos. Años más tarde, todo parece que vaya más deprisa. Es una sensación normal que también está relacionada con el hecho de crearse rutinas, especialmente tras la jubilación.

Lo que puede parecer estable y cómodo –especialmente a una edad avanzada– puede llevar al aburrimiento, a la repetición de actos día tras día y, finalmente, a sentir que el tiempo pasa excesivamente rápido.

La respuesta está, de nuevo, en procurar mantener una mirada rejuvenecida, en el sentido de buscar experiencias que aporten novedades. Eso provocará que la vida vuelva a ser estimulante y que, por consiguiente, nuestra percepción del tiempo se vuelva a ralentizar.

La edad no es el único factor. Para Martínez, la sociedad actual también está provocando que la percepción del tiempo se acelere, ya que “parece que solo es útil lo material, cuando lo que realmente es importante es lo intangible”, afirma en referencia a aprovechar el tiempo con los seres queridos o con uno mismo.

La solución vuelve a estar en la conciencia, en conseguir detenerse y pensar. Paula Martínez recuerda la importancia de parar de vez en cuando y dedicarse unos minutos al día. Y esto es posible aunque la agenda esté apretada. “La clave es disfrutar del tiempo en plenitud, aunque tengamos poco o se nos pase más rápido”, afirma.

El tiempo se termina

En este debate de la percepción del tiempo, hay un elemento que se suele pasar por alto y que es relevante: la realidad de que, en algún momento, dejaremos de existir. “No tenemos conciencia de que el tiempo se acaba. ¿Por qué le damos la espalda a nuestro fin?”, se pregunta la psicóloga.

Como ejemplo, Martínez expone que muchos de los pacientes que acudieron a su consulta tras superar una enfermedad que parecía terminal sí fueron capaces de tomar conciencia de que el tiempo es limitado. En estos casos, “una persona puede hacer en dos años lo que no había hecho en toda su vida”, afirma.

El tabú sobre la muerte provoca que “no valoramos el paso del tiempo”, volviéndonos a centrar en lo material y permitiendo que nuestra percepción del tiempo se acelere. Al final, cómo controlar la velocidad a la que parece que pasa el tiempo es un reto personal. “Nos apropiamos del tiempo cuando tomamos conciencia de él”, concluye la doctora.

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Divorcios: los jueces son los terceros padres

¿Entran las actividades deportivas dentro de la pensión por manutención? Lejos de llegar a un acuerdo, algunos padres prefieren que lo decida un juez. COPILSA

Los juzgados de familia no dan abasto. Deben resolver casos tan dispares como el destino de un perro o la publicación de fotos del niño en las redes sociales. Los jueces se han convertido en los terceros padres.

En un juzgado de Familia de Zaragoza se decide ahora qué hacer con un perro. ¿Debe acompañar a la niña cada semana en su custodia compartida? La madre lo exige, el padre, que vive en un apartamento, se opone. “Y, entre medio, el niño. ¿Quién tiene razón? Son cuestiones que deberían decidirse en privado pero que se han convertido, como otras muchas, en contenciosos que exigen la intervención de un juez. Cuestiones como la comunión, quién paga la extraescolar, si se pone o no una vacuna, si el niño puede salir en una foto en Facebook… Ahora, pasa muchas veces a través de la justicia“, destaca Ángel Dolado Pérez, juez de familia de Zaragoza, cuyo volumen de trabajo es considerable. En un solo año ha tenido que tratar más de mil casos, 300 de ellos para resolver cuestiones después de una sentencia de divorcio.

Los jueces se han convertido en los terceros padres. En los últimos 15 años se han duplicado los conflictos relacionados con el divorcio, “y el pico se presenta precisamente a partir de febrero y marzo, cuando hay que decidir muchos temas de comuniones, escolarización, campamentos de verano… Luego ya durante las vacaciones se calman un poco, para volver a resurgir en otoño cuando se decide sobre las extraescolares”, enumera el abogado de familia Felipe Mateo Bueno. “Y los jueces están desbordados de trabajo, haría falta muchos más recursos para acelerar los procesos, para llegar a acuerdos, porque al final quien sufre todas estas afrentas y largas esperas es el niño”.

Divorcios: los jueces son los terceros padres

Pasado el divorcio, la enemistad entre progenitores llega hasta los juzgados, donde ha de decidirse quién paga cada actividad.

¿Qué ha pasado para que en los últimos 15 años se hayan duplicado los conflictos? Dos palabras: custodia compartida. Según el juez Dolado Pérez, “la España de 1981, cuando se aprobó la ley del divorcio, no tiene nada que ver con la actual. Hasta el año 2000 no se discutía una verdad absoluta: la custodia era materna y el padre tenía fines de semana alternos, la mitad de las vacaciones y pasaba la pensión. Eso generaba como mucho un delito de impago de pensiones, pero en el juzgado de familia nos olvidábamos ya del tema. ¿Qué ha cambiado? El papel relevante del hombre progenitor y el posterior cambio de la legislación aragonesa en 2010, con la aparición de la custodia compartida, y en el resto de España con la jurisprudencia del Supremo dando cabida a esta custodia. Los asuntos de antes eran de mutuo acuerdo y ahora son contenciosos”.

Los padres de ahora son más responsables que en los 80, porque quieren ejercer una co-responsabilidad, postura a favor de los hijos. Pero los hay también que pelean por la custodia compartida porque quieren ahorrarse la pensión

A veces son madres que no aceptan la custodia, otras son padres que pelean por todo tipo de decisiones… “Los padres de ahora son más responsables que en los 80, porque quieren ejercer una co-responsabilidad, postura a favor de los hijos. Pero los hay también que pelean por la custodia compartida porque quieren ahorrarse la pensión, y ahí está el juez para determinar si el niño realmente estará bien cuidado por el padre. Para eso están los informes psicosociales de los gabinetes: psicológicos (del padre y del niño) y sociales (trabajo, ámbito laboral y escolar)”. Eso solo para lograr una sentencia justa, porque ahí no se van a acabar los problemas, “la modificación de medidas es habitual. Porque no convence lo dicho por el juez a ninguna parte, eso genera más juicios en los juzgados colapsados. En 2017, solo en mi juzgado yo he llevado ya 1.300 asuntos”

Mal reparto

Aragón fue pionera a la hora de regular la custodia compartida, a través de la Ley 2/2010, del 26 de mayo, con el objetivo de lograr la igualdad en las relaciones familiares ante la ruptura de convivencia de los padres. “Se trata de una muy buena ley para la que la sociedad todavía no está preparada. La situación real es muy diferente”, considera por su parte la abogada matrimonialista Altamira Gonzalo. “Porque cuando un niño nace las tareas pocas veces son igualitarias. De hecho, el 94%de las excedencias por maternidad las cogen las mujeres, las reducciones de jornada… No se comparte igual el cuidado antes, por lo que es normal que al llegar un divorcio muchas no entiendan que tengan que ceder el 50% de la custodia al marido, con todo lo que eso significa:si la mujer ha perdido oportunidades laborales o está a media jornada y pierde por un lado parte de la custodia pero además la pensión es una situación que se ve injusta”.

No sabemos romper. No tenemos las herramientas para aceptar que han dejado de quereros y surgen unos sentimientos que no podemos controlar. Mientras, el número de matrimonios que acaban en ruptura se ha disparado al 75%

¿Puede acharcarse a la custodia compartida esta avalancha de conflictos familiares en los juzgados?La ley foral es de 2010, pero los conflictos crecen desde 2003. “Son varias las circunstancias, por un lado tenemos una sociedad muy diferente en la que han cambiado muchos temas (vacunas, redes sociales, extraescolares), pero también se da un sentimiento revanchista mayor, quizá porque nos falta una mayor educación en la ruptura. Ya sea por las expectativas que nos hemos creado o por la imagen de éxito que nos vende la sociedad, vemos el divorcio como un fracaso, cuando no debería ser así” señala el juez Dolado Pérez, que recuerda las palabras del psicólogo Javier Urra respecto a la necesidad de educar en la ruptura. “No sabemos romper. No tenemos las herramientas para aceptar que han dejado de quererse y surgen unos sentimientos que no podemos controlar. Mientras, el número de matrimonios que acaban en ruptura se ha disparado al 75% y han aumentado especialmente entre los 40 y los 45 años, precisamente cuando los niños todavía son pequeños”.

Divorcios: los jueces son los terceros padres

Se ha registrado hasta un proceso por la propiedad del diente de leche que se le había caído a un niño. Otros jueces deben decidir el destino del perro del niño.

Los hay también que están tan sobrepasados por la situación que firman un acuerdo sin pensarlo correctamente, tal y como explica el abogado Mateo Bueno, “y se ven después con una pensión excesiva que no pueden afrontar o lo contrario, una pensión que resulta insuficiente. Por ello, el abogado debe ser un buen mediador, ha de ayudar a consensuar, aconsejar bien a su cliente y evitar situaciones injustas”.

El mejor acuerdo

En el absurdo de las decisiones judiciales cabe todo. Pascual Ortuño, magistrado de la Audiencia de Barcelona e impulsor en España de la figura del mediador para los divorcios, enumeraba recientemente algunos de los casos más llamativos. Hay progenitores que pleitean por un diente de leche, por ejemplo, y acusan a la expareja de haber forzado su caída para que el Ratoncito Pérez pasase por su casa y no por la del exconyuge. Otros se niegan a asumir el gasto de unas lentillas y alegan que han de formar parte de la pensión mensual que se pasa a la pareja. “Costaban 86 euros, el padre tuvo que pagar la mitad. ¿Pero cuánto dinero costó a los ciudadanos? ¿Y cuánto daño emocional al niño?”, se preguntaba Ortuño. “El magistrado Ortuño, después de muchos años como juez de familia, llegó a la conclusión de que la mediación es la mejor manera de evitar casos semejantes y por ello logró introducir en la legislación catalana la figura del Coordinador de Parentalidad –explica el juez Dolado Pérez–. Tras la ejecución de las sentencias, esta figura (trabajador social, psicólogo o abogado mediador) informa como auxiliar del juez del desarrollo de la custodia. Hace un seguimiento. Para crear un pacto de relación judicial de mutuo acuerdo mediante técnicas de mediación. Tiene los datos objetivos (puede ir al colegio, por ejemplo), acceso a los horarios laborales e incluso puede acceder con autorización judicial a la información médica de padres e hijos. Consigue un diagnóstico de esas dos familias”. El derecho foral aragonés todavía no contempla la figura, pero el juez de familia confía en que sea incluida. “Yo la he incluido por cuenta propia en mis sentencias en los últimos cuatro meses. Profesionales aragoneses se han prestado a participar de manera gratuita, con el fin de mostrar los beneficios de esta figura. De incluirse en nuestro derecho foral, sería gratuita para las familias que no puedan permitírsela”.

Cuando el niño tenga 14 años y pueda tomar ya decisiones que según el derecho foral aragonés deben ser respetadas, algunos padres se pueden llevar una sorpresa.

Los niños son el interés superior de los juzgados de familia, pero el tiempo que exige dictar una sentencia, unido a los sentimientos encontrados de los padres convierten ese periodo en muy complicado para los menores. Mateo Bueno ha creado un decálogo titulado ‘Cómo hacer de tu hijo un desgraciado’ en el que desgrana, tras sus años de experiencia como profesional de la abogacía, las situaciones que afectan negativamente a los menores por conflictos relacionados con el divorcio. “Son errores y horrores cometidos por ambos progenitores. Por ejemplo, discutir todo lo relacionado con el ex. ¿Que en una casa tiene que irse a la cama a las 22.00? Pues el otro decide que más tarde, para fastidiar. Los hay también que hacen todo tipo de cosas a espaldas del otro, que no ahorran malas palabras e insultos, que obligan a los hijos a mentir, que no dudan en amenazar a los pequeños o incluso a chantajearles y manipularles para que digan o hagan algo que queremos…. Que le compran todo lo que pide para tener así su cariño, que le cuentan todo lo que pasa en el divorcio…“, enumera Mateo Bueno.

La abogada Altamira Gonzalo asegura que en divorcios con contenciosos “estamos jugando con fuego. Se debe sopesar muy bien las decisiones porque los niños sufren mucho y no entienden lo que está pasando. Algunos se sienten como un jarrón que va de casa en casa cada semana o cada quince días”. Y el juez Dolado Pérez insiste en dejar a un lado amarguras y venganzas y centrarse en los acuerdos. “De lo contrario, cuando el niño tenga 14 años y pueda tomar ya decisiones que según el derecho foral aragonés deben ser respetadas, algunos padres se pueden llevar una sorpresa”.

El abogado Felipe Mateo Bueno aún va más lejos y relaciona el aumento de contenciosos tras los divorcios con una mayor agresividad en los menores y repuntes en trastornos como el déficit de atención e hiperactividad. “Hablamos de unos seis mil casos al año, solo en Zaragoza, son muchos niños entre dos fuegos. Multiplícalo por seis o siete años y salen números que dan vértigo. Y no parece que haya una tendencia a la baja, más bien al contrario”. El abogado, además, destaca la dificultad que es hacer entrar en razón a un progenitor enconado con hacer daño al ex, “da igual la clase social o el nivel económico o educativo”. Pero Dolado Pérez insiste en la mediación, “es la mejor solución”.

18/02/2018 a las 05:00

HERALDO DE ARAGÓN

I Congreso Internacional de Mediación Intrajudicial en Zaragoza. Noviembre 2017

En el Salón de la Corona de Aragón del Edificio Pignatelli del Gobierno de Aragón de Zaragoza, los pasados días 22 a 24 de noviembre de 2017 el Gobierno de Aragón convocó y organizó el I Congreso Internacional de Mediación Intrajudicial, en cuyo ámbito académico colaboró la Universidad de Zaragoza, en el cual presenté la comunicación:

Mediación y Psicoterapia en la resolución de conflictos familiares:

coordinación y delimitación de las diferentes áreas de trabajo

Y dos pósteres junto con mi compañera Josefina Royo:

 

 

Durante las diversas sesiones se conoció con detalle tanto los diversos modelos, teóricos y prácticos, de mediación intrajudicial de España y otros países al contar con la participación de Magistrados y Letrados de la Administración de Justicia y otros funcionarios y responsables institucionales responsables de sus Servicios de Mediación Intrajudicial, como el estado de la doctrina e investigaciones sobre la cuestión, implantación, formación, docencia y calidad de la misma, gracias a la intervención de diversos Profesores de distintas disciplinas (Derecho, Ciencias Sociales, etc.) y Colegios Profesionales relacionados con la mediación intrajudicial civil y mercantil, familiar, penal entre otras y la defensa pública de comunicaciones y pósters sobre investigaciones y estudios actuales.

Un pequeño paso para un gran cambio.

 

El portador compasivo

El policía turco que llevó en brazos a un niño muerto con la misma delicadeza que si estuviera dormido nos hace redescubrir el valor del amor por los que nos rodean. Forma parte de esa nómina de justos que, sin saberlo, sostienen el mundo.

“¡Nunca hubiera creído que llevar un niño en los brazos fuera algo tan hermoso!”, anota en un instante de exaltación el protagonista de la novela de Michel Tournier El rey de los alisos.Pensé en esta frase al ver las imágenes de Aylan Kurdi, el niño sirio que murió ahogado en Turquía tras huir con los suyos de su país en guerra. Son muchos los que protestaron por la manipulación que de tales imágenes hicieron los medios de comunicación, argumentando que son incontables los niños que en circunstancias semejantes han muerto antes que Aylan Kurdi sin que apenas reparáramos en ello. Y tienen toda la razón. Sin embargo hay imágenes que tienen el raro poder de enseñarnos a ver lo que antes no queríamos o nos negábamos a aceptar. No me refiero solo a la imagen del pequeño sobre la arena, sino a la del policía que portaba su cuerpecito en los brazos, como si contuviera algo precioso que ni la misma muerte pudiera oscurecer. Es el mito del adulto fórico, al que Michel Tournier dedica su novela. El adulto encargado de portar a los niños, como san Cristóbal, el gigante que ayudaba a los caminantes a cruzar el río, y que representa a todos los adultos que llevando a los niños en sus brazos tratan de protegerles de los peligros de la vida.

Este mismo verano se difundió por la prensa y la televisión una imagen que, como esta del niño y el policía turco, tenía el poder de sintetizar la dolorosa injusticia de este mundo. En un plató de la televisión alemana, Angela Merkel respondía las preguntas de un grupo de jóvenes. Todo transcurría de esa manera previsible y relamida con que suelen hacerlo las cosas en estos programas hasta que una muchacha palestina, sobre la que pendía la amenaza de una pronta deportación, le preguntó a la canciller en perfecto alemán por qué no podía seguir estudiando y vivir como sus otros compañeros de clase. Angela Merkel salió del paso como pudo diciéndole que la comprendía, pero que no todos los inmigrantes podían quedarse en Alemania y que muchos tenían que regresar a sus casas. La canciller siguió contestando a otras preguntas cuando la muchacha rompió a llorar desconsoladamente, llamando la atención con sus lágrimas no solo sobre el drama de los que como ella aspiraban a tener una vida mejor, sino también sobre la inoperancia de nuestros gobernantes a la hora de encontrar soluciones que remedien el sufrimiento de gran parte de la población mundial.

Una creencia judía afirma que en cada época en la tierra aparecen 36 justos. Nadie les conoce, ya que se confunden con los hombres comunes. Pero ellos llevan a cabo su misión en silencio, que no es otra que sostener el mundo con la fuerza de su misericordia. La leyenda judía sigue diciendo que, cuando finalmente mueren, esos justos están tan helados, por haber hecho suya la aflicción de los hombres, que Dios tiene que cobijarlos en sus manos y tenerles allí por espacio de mil años, al objeto de infundirles un poco de calor.

En un mundo como el nuestro donde tantos se autoproclaman justos conviene no olvidar que una de las enseñanzas de esta fábula es que ninguno de esos justos discretos que sostienen el mundo sabe que lo es. Jorge Luis Borges escribió al final de su vida un poema basado en esta leyenda. En él va nombrando las acciones humildes de algunos hombres anónimos: el tipógrafo que compone una buena página, el que acaricia a un animal dormido, quien justifica o quiere justificar un mal que le han hecho, el poeta que cuenta con cuidado las sílabas de sus versos, el jardinero que poda y abona sus plantas. Y nos dice que son esas acciones las que sostienen el mundo. Son los nuevos justos, ninguno actúa con apatía o indiferencia. Para ellos el bien es algo tan sencillo como mecer una cuna para que un niño se duerma.

Creo que tanto el policía turco que llevaba en sus brazos el cuerpo yerto de Aylan Kurdi, como la muchacha palestina que rompió a llorar inesperadamente ante una de las mujeres más poderosas de la tierra, podrían formar parte de esa nómina de justos que sin saberlo sostienen el mundo. Primo Levi, en uno de sus libros sobre su experiencia en los campos de exterminio de Auschwitz, cuenta cómo una noche los judíos se dan cuentan de que los van a matar. Enseguida se corre en el campamento la noticia, y cunde la desesperación. Sin embargo, las mujeres con niños que atender siguieron ocupándose de ellos como si no pasara nada, y tras lavar sus ropas la tendieron a secar en los alambres de espinos. Este hermoso y doloroso pasaje expresa fielmente esa inocencia activa de la que vengo hablando, y que tiene que ver con la facultad de negar nuestro consentimiento ante todo lo que prolonga o justifica el sufrimiento del mundo. Las madres de las que habla Primo Levi no lavaban la ropa de los niños para acatar la disciplina del campo de concentración, sino porque esa era su forma de cuidarlos. Lo hacían por dignidad, para sentirse vivas, para decirles lo que todas las madres les dicen a sus hijos: que nunca morirán. Su inocencia tenía que ver con ese compromiso capaz de abrir, incluso en el lugar más siniestro y oscuro, un espacio de esperanza.

El policía turco que portaba al niño muerto creaba al hacerlo un espacio así. Por eso le llevaba con ese cuidado, como si su gesto contuviera la promesa de una resurrección. Era el portador compasivo, para quien el peso de los niños se confunde con la dulce gravidez del sentido: un peso que se transforma en gracia. Pero ¿qué pasa cuando el niño que se lleva en los brazos está muerto? El cuerpo de Aylan Kurdi en la playa nos recuerda el cuerpo de esos niños que se quedan dormidos en el sofá de sus casas y que sus padres llevan con cuidado en los brazos hasta la cama para que no se despierten. Solo que Aylan Kurdi ya no despertará de ese sueño, ni volverá a sentir en su boca el tibio dulzor de la leche. Tampoco llegará a conocer el misterio del paso del tiempo, ese misterio que un día le habría llevado a pronunciar sus primeras palabras de amor. En ¡Qué bello es vivir!, la película de Frank Capra, se nos dice cuán insustituible somos, y cómo hasta la vida más insignificante guarda el germen de la salvación de otras vidas. Pero este niño ¿a quién estaba destinado a salvar, qué muchacha le habría amado, qué anfitrión habría pronunciado su nombre como el del más querido de sus invitados? ¿Qué idea, el sueño de qué país o de qué raza puede justificar su desaparición? El hombre lleva siglos asociando la idea del heroísmo a la del sacrificio, la identidad y la muerte, pero ¿y si el verdadero héroe fuera el que dispone apacible cada mañana para los que ama el pan reciente y el café oloroso del desayuno?

Gustavo Martín Garzo

Artículo aparecido en El País, octubre 7 2015.

Deidad

Como duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante y fuerte
al choque, brota de la piedra inerte
el relámpago de la deidad.

No te quejes, por tanto, del destino,
pues lo que en tu interior hay de divino
sólo surge merced a él.
Soporta, si es posible, sonriendo,
la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.

¿Qué importan para ti las horas malas,
si cada hora en tus nacientes alas
pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás…

Amado Nervo

La nieve en llamas

Dicen que te resbalaste y caíste sobre la nieve sin cuajar. Dicen que era peligroso caminar por esa zona, aventurarse con tan mal tiempo. Que ibas con el equipo puesto, que fue un accidente. Que tuviste mala suerte.

Cuesta creerles.

Me gusta pensar que el vacío al que mirabas te atrajo a su abismo, presa de un arrebato irrefrenable. De una atracción irresistible. Que mirando el horizonte encontraste el camino de vuelta, quién sabe adónde.

Me gusta pensar que sigues en esa montaña, contemplando tranquilamente amaneceres y que descansas cobijado entre sus traicioneras nieves. Que caminas hora tras hora, ahora que ya eres eterno. Me gusta pensar que estás aprendiendo el lenguaje de los lobos, y que cuando aúllas, las nubes te aplauden y nacen tormentas.

Habitante de lo profundo, quién velará por ti ahora que duermes junto al pájaro de fuego.

Dejaré que los cielos canten mi pena. Y cantaré con ellos la pena de tus ojos.

La cosa es que ya no estás aquí.

 

Feliz 2016

En las playas de todos los mundos, se reúnen los niños. El cielo infinito se en calma sobre sus cabezas; el agua, impaciente, se alborota. En las playas de todos los mundos, los niños se reúnen, gritando y bailando.

Hacen casitas de arena y juegan con las conchas vacías. Su barco es una hoja seca que botan, sonriendo, en la vasta profundidad. Los niños juegan en las playas de todos los mundos.

No saben nadar; no saben echar la red. Mientras el pescador de perlas se sumerge por ellas, y el mercader navega en sus navíos, los niños recogen piedritas y vuelven a tirarlas. Ni buscan tesoros ocultos, ni saben echar la red.

El mar se alza, en una carcajada, y brilla pálida la playa sonriente. Olas asesinas cantan a los niños baladas sin sentido,
igual que una madre que meciera a su hijo en la cuna. El mar juega con los niños, y, pálida, luce la sonrisa de la playa.
En las playas de todos los mundos, se reúnen los niños. Rueda la tempestad por el cielo sin caminos, los barcos naufragan en el mar sin rutas, anda suelta la muerte, y los niños juegan.

En las playas de todos los mundos, se reúnen, en una gran fiesta, todos los niños.

Rabindranath Tagore