Mes: agosto 2018

Entrevista en el Heraldo de Aragón el 31 de agosto 2018

Por Alejandro Santos

¿Pero cómo es posible que ya se haya terminado agosto?

Después de once meses de trabajo, la mayoría disfrutaba de sus vacaciones… hasta hoy. Que parezca que se han ido ‘volando’ es una percepción normal.

Aunque aún quedan 23 días de verano, que el mes de agosto acabe este viernes es la señal, para la mayoría, de que regresan la rutina y el trabajo. Es recurrente escuchar, año tras año, que las vacaciones se han pasado “demasiado rápido” o, incluso, que no se sabe “cómo han terminado tan pronto”. No suelen utilizarse estas frases cuando se habla de las jornadas en el tajo.

Por qué cambia tanto la percepción del tiempo, según se trate de vacaciones o de jornadas laborables, es un interrogante que no tiene una respuesta sencilla. Hay varias líneas de investigación, pero parece que la clave podría estar en la psicología.

Esta es la especialidad de Paula Martínez, según la cual la conciencia es la clave de cómo se percibe el tiempo. “El tiempo, la percepción y la conciencia van unidas”, explica, ya que si se cae en la rutina, se activa una especie de ‘piloto automático’ que provoca una pérdida de la conciencia de lo que se está viviendo.

Es ahí cuando la percepción del tiempo se acelera: la monotonía es la causa de que el tiempo parezca que va más rápido de lo normal.

“Siempre buscamos la estabilidad, pero conforme la alcanzamos, vamos perdiendo novedades”, explica la psicóloga. Volviendo a las vacaciones, si durante 20 años se veranea en la misma localidad de playa, se gana en estabilidad, pero se pierden sorpresas y novedades que provocarían que el tiempo ‘pasara’ más despacio.

Aunque que esta sensación esté generalizada no quiere decir que se manifieste siempre. Los divorcios son significativamente más numerosos después del verano por lo que, por ejemplo, para aquellas parejas que deciden separarse tras sus vacaciones, el tiempo parecerá que marcha extremadamente lento en las semanas previas.

Hay otros factores que provocan que el tiempo transcurra más rápido. Es el caso del envejecimiento. Si se piensa en los veranos de la infancia, probablemente recordaremos que los sentíamos como eternos. Años más tarde, todo parece que vaya más deprisa. Es una sensación normal que también está relacionada con el hecho de crearse rutinas, especialmente tras la jubilación.

Lo que puede parecer estable y cómodo –especialmente a una edad avanzada– puede llevar al aburrimiento, a la repetición de actos día tras día y, finalmente, a sentir que el tiempo pasa excesivamente rápido.

La respuesta está, de nuevo, en procurar mantener una mirada rejuvenecida, en el sentido de buscar experiencias que aporten novedades. Eso provocará que la vida vuelva a ser estimulante y que, por consiguiente, nuestra percepción del tiempo se vuelva a ralentizar.

La edad no es el único factor. Para Martínez, la sociedad actual también está provocando que la percepción del tiempo se acelere, ya que “parece que solo es útil lo material, cuando lo que realmente es importante es lo intangible”, afirma en referencia a aprovechar el tiempo con los seres queridos o con uno mismo.

La solución vuelve a estar en la conciencia, en conseguir detenerse y pensar. Paula Martínez recuerda la importancia de parar de vez en cuando y dedicarse unos minutos al día. Y esto es posible aunque la agenda esté apretada. “La clave es disfrutar del tiempo en plenitud, aunque tengamos poco o se nos pase más rápido”, afirma.

El tiempo se termina

En este debate de la percepción del tiempo, hay un elemento que se suele pasar por alto y que es relevante: la realidad de que, en algún momento, dejaremos de existir. “No tenemos conciencia de que el tiempo se acaba. ¿Por qué le damos la espalda a nuestro fin?”, se pregunta la psicóloga.

Como ejemplo, Martínez expone que muchos de los pacientes que acudieron a su consulta tras superar una enfermedad que parecía terminal sí fueron capaces de tomar conciencia de que el tiempo es limitado. En estos casos, “una persona puede hacer en dos años lo que no había hecho en toda su vida”, afirma.

El tabú sobre la muerte provoca que “no valoramos el paso del tiempo”, volviéndonos a centrar en lo material y permitiendo que nuestra percepción del tiempo se acelere. Al final, cómo controlar la velocidad a la que parece que pasa el tiempo es un reto personal. “Nos apropiamos del tiempo cuando tomamos conciencia de él”, concluye la doctora.

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