Categoría: Poesía

Ave

Deidad

Como duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante y fuerte
al choque, brota de la piedra inerte
el relámpago de la deidad.

No te quejes, por tanto, del destino,
pues lo que en tu interior hay de divino
sólo surge merced a él.
Soporta, si es posible, sonriendo,
la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.

¿Qué importan para ti las horas malas,
si cada hora en tus nacientes alas
pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás…

Amado Nervo

la montaña arde

La nieve en llamas

Dicen que te resbalaste y caíste sobre la nieve sin cuajar. Dicen que era peligroso caminar por esa zona, aventurarse con tan mal tiempo. Que ibas con el equipo puesto, que fue un accidente. Que tuviste mala suerte.

Cuesta creerles.

Me gusta pensar que el vacío al que mirabas te atrajo a su abismo, presa de un arrebato irrefrenable. De una atracción irresistible. Que mirando el horizonte encontraste el camino de vuelta, quién sabe adónde.

Me gusta pensar que sigues en esa montaña, contemplando tranquilamente amaneceres y que descansas cobijado entre sus traicioneras nieves. Que caminas hora tras hora, ahora que ya eres eterno. Me gusta pensar que estás aprendiendo el lenguaje de los lobos, y que cuando aúllas, las nubes te aplauden y nacen tormentas.

Habitante de lo profundo, quién velará por ti ahora que duermes junto al pájaro de fuego.

Dejaré que los cielos canten mi pena. Y cantaré con ellos la pena de tus ojos.

La cosa es que ya no estás aquí.

 

sorolla

Feliz 2016

En las playas de todos los mundos, se reúnen los niños. El cielo infinito se en calma sobre sus cabezas; el agua, impaciente, se alborota. En las playas de todos los mundos, los niños se reúnen, gritando y bailando.

Hacen casitas de arena y juegan con las conchas vacías. Su barco es una hoja seca que botan, sonriendo, en la vasta profundidad. Los niños juegan en las playas de todos los mundos.

No saben nadar; no saben echar la red. Mientras el pescador de perlas se sumerge por ellas, y el mercader navega en sus navíos, los niños recogen piedritas y vuelven a tirarlas. Ni buscan tesoros ocultos, ni saben echar la red.

El mar se alza, en una carcajada, y brilla pálida la playa sonriente. Olas asesinas cantan a los niños baladas sin sentido,
igual que una madre que meciera a su hijo en la cuna. El mar juega con los niños, y, pálida, luce la sonrisa de la playa.
En las playas de todos los mundos, se reúnen los niños. Rueda la tempestad por el cielo sin caminos, los barcos naufragan en el mar sin rutas, anda suelta la muerte, y los niños juegan.

En las playas de todos los mundos, se reúnen, en una gran fiesta, todos los niños.

Rabindranath Tagore